Primera vez. Un boceto

divagaciones, yo mí me conmigo

Algún día te contaré que la primera canción que escuchaste fue ‘No sé dibujar un perro’, de Sidonie. Que en la primera obra de teatro que viste la protagonista era una gota de agua. Pero eso daba igual, lo que importaba era fliparlo con la percusión. Ploc, ploc… Plik. Qué ojos tan abiertos. Y qué pronto te aburriste. Te contaré que ese mismo día visitaste tu primera exposición, la de Gloria Fuertes en El Centro Cultural de la Villa, porque llegaste a un mundo en el que la poesía era tan necesaria como el feminismo. Por eso hay libros que son mujeres.

Y, hablando de libros, te contaré que el primero que te leí fue ‘Tierra de campos’, de David Trueba. Que hablaba de muerte y tú te reías. Te contaré que siempre reías. Y espero que, al menos en eso, no hayas cambiado nada. Que la muerte te pille tan lejos que te dé risa.

Todo estaba lleno de primeras veces. Dulces. Tiernas. Todo era una primera vez en una esquizofrenia de suavidad. De leche. De mi cuerpo empeñado en seguir gestándote. Un cuerpo raro, blando, que no era el mío. Una piel áspera que se perdía entre tanta delicadeza.

Te contaré que fuiste un milagro. Que quise escribirlo todo, pero no tuve tiempo para escribir nada. Ni siquiera lo de aquel pajarito que se cayó del nido y fue a parar a nuestra cocina. Ese pájaro con la mirada asustada que me hacía pensar en ti con la boca abierta. Ese pájaro al que, quiero pensar, le salvé la vida. Por él. Y por su madre. Y por ti, que abres la boca y sacas la lengua cuando tienes hambre. Y por mí, que ya no sé quién soy. Pero contigo.

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